De acuerdo al Popol Vuh, hubo una vez que los dioses se reunieron en consejo para crear al hombre y tener en él un tributario perpetuo. Después de varios intentos fallidos con distintos materiales, lograron, finalmente, una creación satisfactoria. Sin embargo, al poco tiempo, los dioses se percataron que el hombre había quedado demasiado bien hecho: Sus capacidades y talentos eran tales que representaba un peligro para ellos, podía comparárseles e incluso llegar a superarlos. Los dioses, preocupados, volvieron a reunirse en consejo para decidir que hacer con tan riesgosa creación y tomaron la decisión de soplarle un VAHO a los ojos, para de ese modo cegarlo parcialmente, impidiendo que pudiera ver más allá del horizonte, limitando su entendimiento y asegurando, a perpetuidad, que se convirtiera en un tributario de adoraciones y devoción hacia ellos.
En el principio… fue el VAHO.